viernes, 17 de agosto de 2007

Apocalyptica

Como ya todo el mundo sabe, hace dos días un terremoto de 8 grados en la escala Richter sacudió el litoral peruano, generando cientos de muertos, miles de heridos y decenas de miles de damnificados. Más de dos minutos de sacudidas telúricas destruyeron gran parte de la región de Ica y generaron histeria en Lima, que sólo fue rozada por el evento.

En algunos puntos, los movimientos de la superficie provocaron oleajes anómalos que terminaron por complicar aún más la situación de quienes acababan de salir del shock; se vieron flashes en el cielo, probablemente causados por la enorme liberación de energía; las líneas telefónicas fijas y celulares colapsaron, al igual que el suministro de electricidad en amplias zonas de la capital y del país; y a más de 40 horas del evento, siguen dándose réplicas de tal intensidad (la última, esta mañana, de 5.5 grados en la escala Richter) que en cualquier otro momento se considerarían como fuentes de pánico por sí mismas, pero ahora no son más que los estertores finales de una catástrofe.

El fenómeno me encontró caminando por la calle en toda tranquilidad; luego de sentir distintamente las ondas que cruzaban la tierra bajo mis pies, tuve tiempo de recorrer poco más de 300 metros a paso ligero antes de que terminara esa zozobra que convertía la vereda en algo muy similar a una pista enjabonada. A mi lado autos abandonados en la pista, gente corriendo por las calles, postes del tendido eléctrico y árboles balanceándose con un ritmo cargado de peligro, ladridos, llantos. Y sobre todo la sensación de que eso no quería acabarse nunca.

Paralelamente, las últimas dos semanas han sido terreno de conquista para una de las peores caídas bursátiles de los últimos tiempos. Más allá de las causas conocidas (la crisis hipotecaria norteamericana, básicamente) que han provocado caídas en las cotizaciones a nivel mundial, ayer la Bolsa de Valores de Lima cerró a -7%, cuando Wall Street, nuestra principal referencia, sólo llegó al -0.1% y la bolsas regionales no pasaron del -3%. Es evidente que la catástrofe natural, junto con sus consecuencias directas (destrucción de infraestructura, colapso de la agroexportación en Ica) e indirectas (críticas a los operadores de telefonía) terminaron por tirar al tacho las ganancias de casi 2 meses y medio en pocas horas; si agregamos los días anteriores, se ha retrocedido al nivel de abril. Y todo esto en un mercado que venía recargado, lleno de brillantes esperanzas para el futuro.

Por suerte, a menos de dos horas para el cierre de las contrataciones diarias, el notable repunte de los índices, aunque insuficiente, parece estar marcando una inversión en la tendencia. Asimismo, en las últimas 24 horas el conteo de muertos en las zonas afectadas por el terremoto se ha mantenido estable en 510. Esperemos que sea así; y que el miedo deje paso al esfuerzo por reiniciar todo y salir adelante. Este país tiene buenos fundamentos: the sky is the limit.


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Y los incautos a la fecha son...